sábado, 11 de febrero de 2012

el resiliente

Dejémonos de términos raros: resiliente es aquél que tiene la capacidad de sobreponerse a las adversidades de la vida y tornarlas en algo positivo.  Una definición escueta y resumida pero pa que todos la entiendan.

Dejémonos de ingnorarlo y empecemos a utilizarlo entonces.  

La primera vez que escuché ese término fue cuando una tía presentó un libro que hablaba de esa capacidad.  Todos la tenemos (a la capacidad: la Tía es de mi marido y el libro lo tiene quien lo compró).  La cuestión es encontrarla.
Algunos por naturaleza aguerrida y sin saber lo que significa, la aplican todos los días de su vida; otros que cuando se sobreponen a la quebradura de una uña ya se saben, se declaran y se jactan de su resiliencia.  



En el libro "Vamos que vamos", dedicado a los 24 nuevos héroes nacionales del seleccionado uruguayo, se describe con un adjetivo a cada jugador.  El coterráneo Cacha es el resiliente.  Buen libro para admirar aún más a este grupo de charrúas guerreros, que nos permite conocer cómo viven, qué piensan, cómo se toman esta gloria temporaria e inolvidable.

Pero entre tantos adjetivos (24 contanto al Maestro), "el resiliente" me rompió la vista y si bien, el libro puede leerse empezando por el que uno quiera, empecé desde el principio para conocerlos a todos.  Llegué. Arévalo, descrito alguna vez por quien suscribe como "una columna de seguridad en el mediocampo" -rìanse de mi descripción, pero es mucho mejor que "frutiiillllllllllaaaaaaaaaaaa"- en fin... y descrito por Ana Laura Lissardy como "el resiliente".

Como Arévalo, miles.  Que día a día aguantan el vendaval de la pobreza o de la enfermedad o de un amor perdido; de una infancia que trae una estela de secuelas silenciosas pero vivas todavía.  Resilientes somos todos, porque según la psicología, es una capacidad innata del ser humano.
Resilientes los emigrantes, que se levantan todos los días buscando la enmascarada buena suerte para volver a la tierra suya algún día, a pesar de no saber cuándo, de no saber a quiénes no van a encontrar más, de saber que su lugar ya puede no ser suyo.


Resiliente, el que sueña que nada en agua negra, espesa como el bleque,  pero aún así vé una flor. 
Resiliente el que se debate con la parca en una cama y contra todos los pronósticos, resiste y mueve los dedos en señal de lucha y aguante.
Resiliente, el que da la cara a los problemas aunque la solución no se vea o se sepa lejana.
Resiliente, el agarrado de una tabla de salvación llamada trabajo, familia, amigos, alcohol (mal ejemplo, pero válido) e igualmente se levanta todos los días para seguir en la lucha.
Resiliente el padre que vive en el banco del hospital cuidando a su niño.
Resiliente la novia que aceptó con tanto amor la decisión de aquel de salir de este mundo... 

Vos y yo y todos nosotros.