miércoles, 11 de abril de 2012

duplicity: c'est combien?

Sentada en el pasto, en la subida del Trocadero, prometí a mí misma frente a la Torre Eiffel: no ocultar ni negármelo; no tragar ni sacudirlo: simplemente he elegido tratar de convivir.
No creo que sea fácil, como no lo han sido ninguno de los intentos anteriores, pero probar no cuesta nada.  


Así como el corazón tiene dos ventrículos cada uno con importantes funciones; el cerebro  con dos hemisferios que gobiernan cada una de nuestras acciones concientes e inconscientes... Dos hemisferios al igual que nuestro mundo. Cada uno con sus matices.  
¿Cómo decirlo?

He decidido que al igual que los órganos de mi cuerpo que he mencionado, mi alma también puede ser un número par, que debo tratar de convivir con ella porque ella es así.

Nadie puede negar la naturaleza de los eventos y aún queriendo es muy difícil cambiarles el curso. ¿Destino? Posiblemente.  ¿Eludirlo? Ya no más.  ¿Atraerlo? Mejor no. ¿Dejar que nos traspase, nos llene y nos deje lo mejor? Aprenderemos.

La duplicidad, ¿cuánto cuesta? me pregunto en el título y tengo claro que el primer paso para enfrentarla es observar y atender nuestros mecanismos internos y su manera de convivir.  Es un sistema lógico y eficiente... ¿porqué no debería funcionar con el alma nuestra?

Ya de vuelta en el Sena navegando en bus acuático, pasamos por estribor un barco azul marino anclado. 


A cada lado de proa una palabra.  La misma. Por duplicado.

FOTO: B. Maidana.

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