viernes, 2 de diciembre de 2011

tiempo de poemas I

Si supiera el alma mía
Que aún te busco en los rincones
Donde nuestros corazones
Se besaban con dulzura
Y cantaban con alegría.

Que tu espacio sigue vivo
Que tu hueco sigue lleno
Tus ojos aún me miran
Tu boca tiene mi beso.

Si mi espíritu supiera
Que es el tuyo el que acompaña
Tus manos las que sostiene
Tu voz la que canta y canta…

El quebranto de mi vida
No tendría más sentido
Ni mi llanto, ni mi miedo
Ni mi estúpido gemido.

Pero no sabe, mi vida,
Mi alma no se ha enterado
Es por eso que te busca
Por eso que sigue errando.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Tiempo de balances... con el contador.

Se acercan estas fechas y es tiempo de balances... a todos les gusta escribir sobre esto, pensar sobre esto, leer lo que otros escriben o hacerse el desentendido porque todos los años es lo mismo.

Y lo peor de todo es que usamos la palabra "balance", que no digo que esté mal empleada, pero mejor lo estaría si fuéramos lo bastante prácticos como para darnos cuenta de que el balance real que tenemos que hacer es con la billetera y no solamente con la conciencia de nuestros actos durante el año.

Ya empezaron los chirimbolos navideños (que me encantan y a mis hijas más); no pude resistir la tentación de comprar un angelito de hojalata dorado, pero antes de pasar por la caja, dejé las dos tazas navideñas (ahora se llama mugs) que mis retoños se empeñaron en comprar aduciendo con todas las de la ley que las iban a usar, cuestión dudosa porque lo único dibujado que tenían eran unos tristes pinos. Pero además, viendo que llevan medio litro cada una y que acá todo se llena hasta arriba, otra que balance tuve que hacer. 
Pa juera las tacitas.  Igual, ellas entendieron la explicación de lo innecesario de la compra, cuestión que anotaré en el balance "espiritual" del año: "Logré por 10 minutos que el consumismo sea mal visto por las cabecitas frescas."

Ya empezaron a taparnos de juguetes chinos, de manteles rojos y verdes, de cintas que no sé en qué momento se pusieron de moda pero que salen un huevo, de animales que nada tienen que ver con la navidad pero con una manito de brillantina ahí entran.

Y nosotros ya empezamos a ver, a mirar, a toquetear... cartel al que nunca le damos bola.

 Mi padre, comerciante él, tenía una clienta que siempre llevaba su hijo pequeño.  El comercio era un bazar, esos donde ahora uno puede leer el cartel: "niño rompe, mamá paga"... y papá???  bue, en fin.  Papá fue más práctico.  Como también es electricista, vió que la cosa por la vía diplomática no iba, el niño tocaba y tiraba todo lo que podía y a la clienta había que mantenerla. ¿Qué hizo? Observó cuál era el objeto preferido del nenito, ese que tocaba primero y desencadenaba la ola mental de tocar todo lo demás.  Observó, pensó, premeditó y triunfó.  La clienta siguió comprando regularmente, el niño siguió acompañando a su madre pero no tocaba ni el piso.
El artículo en cuestión pasó a dar unos pequeños voltios de corriente... qué pena, tan lindo que estaba pa tocar!

Eso es lo que tendríamos que hacer con nuestra mente... una corriente eléctrica que nos prevenga de que estas fechas son para no irse de mambo en los balances sentimentales, pero mucho menos con el balance de la economía del hogar.

Y ahora lo difícil es encontrar un villancico que hable de este tema... a ver si lo encuentro.

Salú!