domingo, 17 de julio de 2011

sin pena, sin garganta, con GLORIA!

una "crónica" distinta...

Nunca había visto jugar a Uruguay en vivo y en directo.  Y si hubiera tenido que elegir alguna selección, antiyer, diría mi abuela, elegía la del Príncipe "inmENZO" Francescoli en la Copa América 95 cuando el Estadio Artigas de mi ciudad se vistió para esta misma copa y yo vi a Uruguay salir campeón de algo.  Pero ayer cambió todo.  

Ayer ví jugar a los campeones.

En menos de un mes volví a Santa Fe, ciudad que alberga un puñado de sangre materna y a la que no nos costó nada volver, sin que estuviera planeado.  En el Puente Paysandú - Colón (la sanducera soy yo), ya se escuchaba a los gendarmes decirle a otros compatriotas que llevaran la "tanguita" puesta, que Argentina se hacía una fiesta con nosotros... no haber visto bien el nombre pa'esperarlo a la salida, jaja.  Las siguientes paradas en ruta por parte de la policía argentina, trámite frecuente y engorroso porque te hacen sacar el matafuego de donde lo traigas y hasta carné de salud te piden si se les canta, esta vez vinieron en tono de broma, sin pedirnos ni siquiera documentos, contentos de la victoria segura que rumiaban desde temprano.

Arrancamos nuestro viaje una comitiva de Salteños parientes (mi esposo, mis cuñados varones y un amigo-primo) y yo, la casi inexperiente en cuestión de estadios, que cuando ví la luz al salir del túnel en el "Cementerio de los elefantes" casi me voy de nariz pa'abajo por lo empinado de la tribuna y por el magnetismo inevitable de una cancha preciosa, que empezaba a inundarse con la sombra de la tardecita para resurgir entre las nuevas luces especialmente colocadas para esta Copa.
Un estadio todito vestido de celeste porque somos hermanos incluso en los colores.  El Daddy Brieva un santafesino de ley que hizo sus monólogos que me roban carcajadas, esta vez no lograron sacarme una sonrisa porque no entendía por el eco... y el oído no fue el único sentido que me fallaba en la cancha, buen momento para perderlos!
Los Palmeras agitando, tampoco lograron gran cosa.  Las expectativas eran todas para el derby.
Después de dos incursiones de las selecciones para el reconocimiento del terreno (cómo estamos eh?!), siempre simpáticos, siempre mirando nuestra tribuna, siempre humildes... Divinos! -soy mujer, no esperen otro tipo de adjetivos-.
Y salieron las selecciones, y el Zurdo Bessio se aprontó para entonar nuevamente el himno a capella, con la selección girada para mirarnos a nosotros que cantamos con el alma (bastante peor que el Zurdo) y que fuimos absolutamente respetados por los hermanos argentinos en un gesto digno de nuestra fraternidad.  Otro tanto hicimos con el Negro Lavié, que cantó una versión larga (como la primera vez nuestra) que emboló a un pueblo y que dejó en evidencia que hay que acortar.
Y empezó el partido y el segundo de mis sentidos que me fallaba: la vista.  No es un secreto que no veo un pomo y es cierto que no quise llevar los lentes, pero al único que distinguía bien era a mi adorado Muslera, que siempre defendí, que se pone el flúor por cábala o para que yo lo vea, ja, y que jugó el partido de su vida.
Y al primer gol, terminé perdiendo la voz por culpa de un grito que me agarró desprevenida porque salió de un lugar de mi alma que nunca había escuchado:  GOOOOOOOOOOOOOOOLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLL!!!!!!!!

Y cómo salió el partido ya se sabe: como hacemos siempre, sufriendo hasta lo último.
Pero el Bruno Peña que lo miró desde el pecho del Aco y le agarraba las manitos a Muslera; mi Milagrosa futbolera que no me falla con los penales y la gorra de lana innecesaria que se puso el Agus, las cávalas reconocidas por mi grupete, hicieron lo suyo, como los huevos que pusieron los Charrúas que estaban en la cancha.

De cara a la tribuna.   Ellos y nosotros cantamos con toda el alma.
La salida demorada, entre un cordón policial de más de dos cuadras y entre las miradas de los vecinos con una mezcla de dolor y admiración.  Silencio... mientras pasabamos "los hinchas" uruguayos entre una feria de choripanes y banderas que nos transportaron al Baño del Papa y  el sentir algunas voces que nos felicitaban sinceramente.  Como el vendedor de flores que le dijo a mi cuñado: "Felicitaciones, Hermanito.¡Hermanito!  ¡Esos son huevos!  No como las estrellitas nuestras que necesitan ver euros para darnos una alegría.  Hermanito!  ¡Que salgan campeones!".

Para mí, ya lo somos.