lunes, 4 de abril de 2011

sin tantita pena...

¿Qué fuerza es aquella que nos empuja a herir y desdeñar en algún punto de una relación a la persona que nos hizo sentir las mariposas en la panza aquel día?  Ni idea.  Los enamoradizos saben lo que se sufre por amor, y los que le hacen pagar el pato a otro, sí que saben hacer sufrir.
Así que tenemos dos familias distintas, que porsupuesto tienen géneros, especies y subespecies.  Pero básicamente están los que sufren y los que hacen sufrir.  Algunos sufrientes luego de derramar más agua que la coca - cola (estoy con el nuevo video de you toube en la retina) se vuelven victimarios y se proponen hacer valer una venganza sin tregua, aunque tengan que seguir llorando.  Y están esos desgraciad@s que después de despedazarte el sábado y reventarlo ell@s, te llaman el domingo a las 8 de la noche a pedir perdón.
¿A quién le hace bien todo este circo?  Ah! yo creo que al ego de alguno nomás.  Después, es toda plata quemada.
Sin embargo, además de la clasificación de más arriba no puedo dejar de hacer otra: la clase que tiene la gente pa´hacerte sufrir.
Hay gente que tiene clase y no hay con qué darle ni cómo defenderse.  Están los que sufren y se lamentan a lo mariachi y los que le dan al taco como los flamencos.  Con los gitanos no me meto porque son fierasos en estas cuestiones.

¿En qué escalón sería mejor estar parado para nuestra salud mental y la de nuestra futura relación armoniosa? (queda claro que la que está en cuestión llegó a los descuentos).
Yo paso, ya estuve en esa escalera y me fuí de traste varias veces: por querer sufrir gratis y por hacer sufrir así nomás, sin tantita pena.


Alejandro les cuenta.  Disfruten.