sábado, 12 de marzo de 2011

extracto

de un intercambio entre Madres y sus percepciones.

"Y finalmente, con el tema de las culpas por todo lo que no somos y "deberíamos ser" o sea, buenas madres, tolerantes, divertidas, creativas con la comida, los dibujos, las manualidades; flaca, maquillada, atlética para jugar con ellos, trabajar en algo pa no estar "AL PEDO" en tu casa,  ordenadas todo el tiempo, ser  comprensivas con los que se meten sin permiso en tu vida y con las que no parieron todavía o nunca lo harán y piensan que un rollo demás te define como persona, ser tolerantes con todas las cosas que le ponen los pelos de punta a cualquiera, y encima de todo, tener la dulce sonrisa pintada en la jeta todo el día, ¿NO SERÁ DEMASIADO?

Arte contemporáneo.  Las Madres de África.
Todos esperan mucho de nosotras pero nada nos dan a cambio, porque ni la mucha experiencia ni los lazos familiares ni alguna otra cosa semejante, dan derecho a hacernos sentir en falta con el mundo por no vernos en su mismo espejo. No hay cosa en el mundo, ni siquiera nuestros amados retoños, por la que debamos sentirnos obligadas a cumplir la cuarta parte de la lista de arriba.  Si no podemos con todo, vamos a poner un orden de prioridades que sepamos que nos hacen felices a nosotras y por eso mismo los hacen felices a nuestros hijos y esposos.  

¿Qué está primero en tu lista Querida Amiga, Hermana, Confidente?  ¿Qué pasos son los primeros que podés dar para sentirte mejor y que estén a tu alcance? Si te fijás en la lista, ya hay un montón de cosas que hacés... Y para lo otro, tiempo al tiempo.

Y un consejo que parece de una loca rematada y soltera: TOMATE TU TIEMPO SIN SENTIRTE CULPABLE!  Si tenés que inventar una contractura destructora solamente para ir a que te den masajes, INVENTALA!!! Si querés salir sola a mirar vidrieras y no querés decir eso, avisale a tu marido que tenés que comprarte una bombacha porque las tenés todas rotas y chau! o que tendrías que ir a la d porque los pelos de tus piernas se empezaron a enrular... vas a ver cómo te dice que vayas tranquila.

Hoy sos MAMÁ sí, por supuesto!  Pero antes y después de eso vas a seguir siendo tú misma.  Vamo arriba negra, esa es la primera prioridad en la lista, porque si no lo fuera, ni tus hijos, ni tu marido, ni tus amigos podríamos disfrutarte!"

jueves, 10 de marzo de 2011

Comadreando cuadros.

Ahí la tengo, en el blog un poquito abajo y a la derecha.  Si lo recorrieron, la vieron.  Y no es una, ni son dos, no sabemos cuándo se va a despegar de la piel de alguno de la familia o allegado, la veta artística.  ¿Será que todos la tenemos?  Yo ya me metí en la bolsa porque escribo desde los 12 en una cuadernola que me compré en el Chuí, pero que no pienso desempolvar.  Hice ballet por esos tiempos también, donde podía lucirme en el teatro sin tener pudores, cosa que hoy no puedo hacer... lo de no tener pudores, digo, porque ballet seguimos haciendo: mis pudores, mis kilos y yo.  Pero contentos.  En fin, me fui por la tangente.
Siguiendo.  Acá el tema es clarito: tenemos guitarreros, cineastas, escritores, bailarines y pintores. Y es en este último punto que me freno porque el tema no es tan fácil.  Le pregunté por qué pinta o pintó, como suele corregirme, árboles.  No me contestó nada claro.  Ahora pinta vacas y casas de campo que dan ganas de meterse adentro -de la casa, se entiende-. Entonces yo hago mi propio análisis de lo que veo y lo que me produce (aclaro que soy maaaaaaaala pa vender arte, che). 
Miro esos lienzos y me voy al campo, al verde, a los sonidos de la campaña.  Y veo ganas de echar raíces, de aquerenciarse en algún lado y hacerlo de uno. 

Lo de la vaca ya es más complicado de analizar y seguro que le erro como las peras y la pintora se me calienta como caldera de lata que es.

Pero mirénlos a ver qué les parece.  Y compren!!!

domingo, 6 de marzo de 2011

Gólgota

El otro día escuché que alguien llamaba a su perro: "¡Gólgota!"... y me estremecí.  No fue porque el susodicho animal era un pitbull, perrito que no me gusta pa nada.  Se me puso la piel de gallina cuando escuché el nombre. ¿Qué persona que además de tener un pitbull, le pone de nombre Gólgota?! 
A ver, o este tipo no tiene idea de lo que significa y le gustó cómo sonaba o es lo bastante perverso como para ratificar la crueldad que puede llegar a tener el instinto de su mascotita.

Yo hice el Bachillerato Cristiano, opción Católica, por decreto.  Me crié asistiendo a la parroquia San Ramón (la de mi barrio) donde tienen un Cristo tamaño natural, color natural, muy natural demás. De chica soñaba con eso y cuando quería asustarme en serio mi mente me jugaba feo y me hacía acordar de esa cruz.  Por eso prefiero las iglesias que tienen al Cristo chiquito y otra imagen más benévola como punto principal donde fijar la vista.
Ahora de grande, tampoco he dormido muy bien con estos temas. Hace un par de veranos, cuando encontré por cien pesos en las librerías de Piriápolis un libro que se llama "María, de carne y hueso". Un libro que debe ser bastante impopular porque nunca escuché nada sobre él; seguramente censurado por mi iglesia porque tira abajo un montón de cosas lindas que nos cuentan y que la lógica de nuestras neuronas nos prende la luz amarilla.  Pero me lo leí y lo digo orgullosamente, porque uno de mis hermanos, con mejores notas cristianas que yo, no pudo terminarlo. Ahí me anoticié de unas cuantas cosas, o por lo menos alguien con más lógica y menos Fe las puso de esa manera.
La cuestión es que ahí me enteré de que el Gólgota estaba cerquita de la ciudad para que el olor de los cuerpos crucificados hiciera recordar a los que todavía andaban vivos o de vivos, que podían terminar ahí.  Y no eran tres cruces como cualquiera puede imaginarse. El Gólgota era un monte alto, su nombre significa: el lugar de la calavera; tenía cientos de cruces con cuerpos en distintos grados de descomposición.  No se podían entregar a la familia y si lo hacían era por coima, y por coima también les metían la lanza bajo las costillas para que la agonía fuera menor. Los dolientes tenían que ver cómo se morían lentamente sus queridos, y cómo los carroñeros esperaban ansiosos bajo el palo y los soldados que tenían la tarea de estar ahí hacían lo que se les antojaba, luego de que la desesperación y la locura de estar en ese lugar les había robado la piedad.
Así que bastantes razones tuve para estremecerme con el nombrecito de pila que se gastó este perro.