jueves, 10 de marzo de 2011

Comadreando cuadros.

Ahí la tengo, en el blog un poquito abajo y a la derecha.  Si lo recorrieron, la vieron.  Y no es una, ni son dos, no sabemos cuándo se va a despegar de la piel de alguno de la familia o allegado, la veta artística.  ¿Será que todos la tenemos?  Yo ya me metí en la bolsa porque escribo desde los 12 en una cuadernola que me compré en el Chuí, pero que no pienso desempolvar.  Hice ballet por esos tiempos también, donde podía lucirme en el teatro sin tener pudores, cosa que hoy no puedo hacer... lo de no tener pudores, digo, porque ballet seguimos haciendo: mis pudores, mis kilos y yo.  Pero contentos.  En fin, me fui por la tangente.
Siguiendo.  Acá el tema es clarito: tenemos guitarreros, cineastas, escritores, bailarines y pintores. Y es en este último punto que me freno porque el tema no es tan fácil.  Le pregunté por qué pinta o pintó, como suele corregirme, árboles.  No me contestó nada claro.  Ahora pinta vacas y casas de campo que dan ganas de meterse adentro -de la casa, se entiende-. Entonces yo hago mi propio análisis de lo que veo y lo que me produce (aclaro que soy maaaaaaaala pa vender arte, che). 
Miro esos lienzos y me voy al campo, al verde, a los sonidos de la campaña.  Y veo ganas de echar raíces, de aquerenciarse en algún lado y hacerlo de uno. 

Lo de la vaca ya es más complicado de analizar y seguro que le erro como las peras y la pintora se me calienta como caldera de lata que es.

Pero mirénlos a ver qué les parece.  Y compren!!!

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