miércoles, 2 de marzo de 2011

Blancas palomitas.

Si mal no recuerdo, era Don Fermín quien llamaba a las "blancas palomitas" en aquella telenovela infantil inolvidable para muchos. 
Ayer comenzaron las clases y en lugar de un Don Fermín aparecían por doquier payasos, payasas, payasos en zancos regalando narices rojas, pintando flores... ¡buen amigo!  haciendo un relajo regular que dejó a los recién llegados al aula magna -un bruto salón de grande- algunos felices (creyendo capaz que todos los días será joda de esas) y otros en diversos grados de estado nervioso, hasta el llanto incontenible que estrujaba el corazón de los papás.

Seguramente, que no en todas las escuelas hubo esta algarabía.  Cuando yo empezé primero, de lo único que me acuerdo es de un compañero que había que entrarlo a la clase de a tres: madre, padre y maestra, cuando no la limpiadora o Yolanda, la de la cantina que impresionaba por su volumen y lo mandaba pa' dentro y le estampaba la puerta en la cara.  A la semana se le pasó.  ¡Pobre Nenuca! mi adorada primera maestra.


Así que sin Don Fermín, y donde las blancas palomitas hoy se remiten exclusivamente a la Escuela Pública, se inauguraron las clases.
Y como comenté en mi primer entrada, les pido a los augures que entre la variedad de palomitas y sus personalidades: nos sea suave. Pero sobretodo, que para ellos exista un Fermín que los quiera sin ningún tipo de distinciones, con el corazón abierto a sus preocupaciones y a sus travesuras.  
Buen comienzo, mis amores!

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